Crónica de actualidad
El PSOE piensa ya en una gran reforma fiscal a largo plazo
Un déficit público más flexible, fuerte apoyo a las familias y nuevas reformas
fiscales para garantizar la igualdad de trato entre las rentas del trabajo y
las del capital. Se trata de las bases de lo que el líder socialista, José Luis
Rodríguez Zapatero, ha bautizado como "Socialismo de los ciudadanos",
una doctrina que alumbrará todo el programa electoral del PSOE en su puesta en
práctica a lo largo de la nueva legislatura.
Zapatero, así como el responsable
del PSOE para Asuntos Económicos, Jordi Sevilla, han
dejado constancia de su agenda futura en un documento –elaborado por ellos
mismos-, el informe Políticas Sociales y Estado de Bienestar, un documento
publicado simultáneamente a la aprobación del programa oficial económico y que
deja claro el rumbo final de las nuevas reformas socialistas. "Tras varios
años de gobierno popular el aparato público se encuentra debilitado" y las
consecuencias han sido una pérdida de la "igualdad y protección
social" de los ciudadanos. La solución, según el líder socialista, pasa
por un aumento del aparato público, centrado principalmente en tres frentes. En
primer lugar en la vivienda: el Estado debe avanzar en el proyecto de creación
de un "parque público de viviendas en alquiler" e incrementar el
número de viviendas a precio tasado.
Para ello, el programa del PSOE reconoce la necesidad de avanzar en una
"reforma de la ley del suelo", eso sí, previo acuerdo con comunidades
autónomas y ayuntamientos.
También será necesario el avance del peso público para cerrar un proceso de
transferencias hacia autonomías y entes locales que dé prioridad a la cesión de
materias como "los servicios sociales", principalmente,
"educación, sanidad, prestaciones sociales, ciertas políticas de empleo y
vivienda".
Y el tercer frente en el que debería ganar peso el Estado sería en el puramente
recaudatorio. ¿Para qué? Para poder financiar un ambicioso programa
galardonado, como figura estrella, por lo que en el futuro debería ser una
"renta básica de ciudadanía, de carácter universal e incondicional".
Algo que el que será nuevo presidente español no ha llegado a anunciar en su
programa electoral, pero que se debería convertir en un siguiente paso al
mínimo exento de 10.000 euros anunciado por su alfil económico, Miguel Sebastián.
Aunque, según Zapatero, la entrega de esta paga generalizada a todas las
personas "que carezcan de unos ingresos mínimos que les permitan
enfrentarse de forma básica a sus proyectos vitales" no llegaría de golpe,
sí debe observarse como un proyecto en "tres fases, a largo plazo".
La definición de los beneficiarios de esta renta coincide, de hecho, con la
efectuada por el PP para su mínimo vital, una
deducción general que se aplica en el IRPF y cuyo
importe asciende a 3.400 euros anuales, más los complementos exentos
familiares. La gran diferencia entre los dos sistemas radica en que el del PP sólo lo perciben quienes declaran la renta, es decir,
quienes trabajan, y la del PSOE, la recibirían, principalmente quienes no
tienen puesto de trabajo -parados sin cobertura, amas de casa de rentas
familiares bajas y jóvenes emancipados en busca de su primer puesto de
trabajo-.
La fuente de ingresos que financiaría este coste, aún sin cuantificar,
provendría de "un sistema de recaudación que reduzca los privilegios fiscales
injustifiados". O lo que es lo mismo, según el
PSOE, acabando con el tratamiento fiscal beneficiado de las rentas del capital.
La legislación actual permite al ahorro tributar al tipo mínimo del IRPF -el 15%- a partir de un año de antigüedad de la
inversión. Para los socialistas ese privilegio debería desparecer, de forma que
su tributación fuese la misma que la de los salarios, es decir, que podría
llegar al tipo máximo del Impuesto sobre la Renta -actualmente, en un 45% y
que, según la propuesta oficial socialista, debería bajar hasta el 30%-.
Pero también pretenden retocar el propio esquema del IRPF.
No con un tipo único puro, tal como anunció Zapatero en un primer momento, sino
con uno de tres tramos: el primero exento, para los primeros 10.000 euros de
salario; el segundo, a un tipo fiscal entre el 25% y el 30%, y el tercero, con
un gravamen entre el 30% y el 40%, para las rentas que superen aproximadamente
los 40.000 euros. Un impuesto de tres tramos que, fuentes internas del PSOE,
consideran que probablemente deba ser el esquema definitivo a seguir a la vista
del estado actual de distribución de las capas salariales españolas.
Esta reforma, unida a una reestructuración de la Agencia Tributaria con el
objetivo de controlar el fraude fiscal debería permitir un margen financiero
suficiente como para rebajar un punto porcentual las cotizaciones sociales, es
decir, pasar del 36,9% actual que se queda el Estado del gasto bruto por
empleado que costean las empresas, a un 35,9%. El coste de este
medida sería de 1.300 millones de euros anuales.
Control del déficit, pero a largo plazo
Ley de Déficit cero: No. Pero sí control del saneamiento público.
¿Cómo se lleva este mensaje a la práctica? Según el PSOE a través de "un
compromiso a largo plazo con la estabilidad", o lo que es lo mismo,
intentado adaptar el déficit a las situaciones "de los ciclos y la
coyuntura". La teoría no es nueva. Y vuelve a sonar estos días en Bruselas como posible propuesta de Francia ante una
eventual reforma del Pacto de Estabilidad solicitada por el presidente galo,
Jacques Chirac, y el canciller alemán, Gerhard Schröder. En la práctica
esta propuesta supone suavizar el requisito de déficit cero cuando el país
entra en crisis, con el compromiso de recuperar el equilibrio de las cuentas
públicas llegado el momento de la recuperación. "Se trata, en
consecuencia, de mantener en buen uso los instrumentos de política fiscal con
los que cuentan las políticas públicas de estabilidad, asignación y
distribución [...] al margen de una interpretación pasiva y doctrinaria del
mecanismo de déficit cero", aclara Zapatero.
Por lo demás, los socialistas quieren también reducir la temporalidad en el
empleo, sustituyendo el sistema de fomento de la contratación indefinida.
Fuentes del PSOE destacan que la reducción general de un 1% en las cotizaciones
sociales debería ser estímulo suficiente para no necesitar este tipo de ayudas.
Como complemento en el área laboral, Zapatero pretende limitar los programas de
bonificación por contratación indefinida a los colectivos con dificultades de
inserción laboral y aumentar el apoyo a los emprendedores con la creación de un
sistema público de avales y exención de cargas fiscales durante los tres
primeros años. Y de paso, una de las grandes peticiones de los autónomos: su
cobertura por desempleo.